Irakere es el conjunto de jazz más importante de Cuba — una banda que legitimó la complejidad musical y la experimentación en la música popular cubana, formó a una generación de músicos que definirían la timba"> timba y produjo algunas de las grabaciones de jazz afrocubano más sofisticadas del siglo XX.
El pianista Chucho Valdés fundó Irakere en La Habana en 1973, reuniendo músicos de la Orquesta Cubana de Música Moderna. El nombre significa "bosque" en yoruba, señalando desde el principio la intención de la banda de trabajar con las tradiciones religiosas afrocubanas como material musical serio en lugar de como decoración. El concepto de Irakere era la síntesis total: armonía e improvisación jazzísticas, rigor compositivo clásico, energía del rock y toda la profundidad de la percusión y la música ritual afrocubanas, operando simultáneamente.
La primera formación fue excepcional. El saxofonista Paquito D'Rivera y el trompetista Arturo Sandoval eran dos de los improvisadores más dotados de Cuba; su presencia le dio a Irakere una primera línea capaz de tocar cualquier cosa. El percusionista Miguel "Anga" Díaz aportó un profundo conocimiento del batá y otras tradiciones afrocubanas. El flautista José Luis "El Tosco" Cortés — que más tarde fundaría NG La Banda e inventaría la timba"> timba — formaba parte del conjunto. El propio Valdés ya era considerado el mejor pianista de Cuba.
El debut de Irakere creó una sensación inmediata. Sus grabaciones en directo de finales de los años 70 — en particular la actuación en el Newport Jazz Festival de 1978 capturada para Columbia Records — los presentaron a las audiencias internacionales. El Grammy de 1979 al Mejor Disco de Música Latina fue un momento decisivo: fue el primer Grammy ganado por una banda cubana que seguía radicada en Cuba, y validó el enfoque de Irakere al más alto nivel de reconocimiento internacional.
Las deserciones de D'Rivera (1980) y Sandoval (1990) fueron grandes eventos culturales, que reflejaban tanto los costes personales de la situación política de Cuba como la demanda internacional de sus talentos. Irakere continuó con nuevos integrantes — siempre excepcionales, porque Valdés se nutría de los mejores graduados del sistema de conservatorios cubano —, pero la química particular de la formación original era insustituible.
La importancia de Irakere en lo que vino después es difícil de exagerar. La banda demostró que los músicos cubanos podían operar en los niveles más altos de sofisticación jazzística manteniéndose al mismo tiempo arraigados en la tradición afrocubana. Formaron músicos que fueron a definir la timba"> timba — Cortés de manera más directa, pero también el enfoque general de tratar la música de baile popular con seriedad compositiva. El entrelazamiento rítmico, la densidad armónica, la fusión de patrones de batá con la batería — todo esto se convirtió en los pilares de la timba"> timba porque Irakere los había desarrollado y legitimado primero.
Valdés continúa dirigiendo Irakere de manera intermitente mientras mantiene también una carrera solista paralela como uno de los grandes pianistas de jazz de su generación.